
Porque estamos ante un western, sí; pero se podría decir que también ante una película de terror, pues los 20 minutos finales son sencillamente antológicos. De lo mejor que he visto en muchos años. Te atrapa e incluso te pone nervioso... Ese viento, ese principio de locura de la protagonista... Esa mirada de ella... Parece mentira que esta sea una película de hace 80 años y que no haya perdido ni un ápice de su fuerza (en especial la interpretación de Lilian Gish; que es de chapó-chapó). Una maravilla.
Destacar también lo que aparece en casi todas las películas de Victor Sjöstrom: personajes secundarios o escenas visuales que dan un toque de humor a la trama. Muy del estilo que luego haría John Ford. Un toque de humor, que quizá sea para conseguir dar más dinamismo a la historia y no dejarse llevar demasiado por el melodrama. Lo consigue.
Y destaco también los efectos especiales de la escena del tornado durante la fiesta; nada que envidiar a payasadas estilo Twister... Flipante que sea de 1928
Y sí, es una película muda, pero a diferencia de otras obras maestras del cine mudo, esta tiene la peculiaridad de que no parece que sea muda. Y eso es obra de Sjöstrom, al dotar a cada escena del protagonismo y de los detalles necesarios para que hablen por si mismas. Que detalles y escenas memorables los hay en esta película y muchos (el tren adentrandose en el viento, el viento destapando "algo"(no diré qué), la música durante la escena final, la bofetada del crío... etc)
Lo dicho, una puta obra maestra. Esto es cine, señor Shu¡ymalabantuneipopman y no ese bodrio de "El incidente". En fin, siempre nos quedarán los clásicos... :-)